El 14 y 15 de mayo de 1811 nace en la nobleza de la Paz un Paraguay independiente cuya historia estaría escrita al igual que otros países, pero en el lado de la desesperanza, por Guerras con los países limítrofes, Revoluciones Civiles, Dictaduras, Crisis Financieras, Crisis Políticas, Pobreza, Daño al Medio Ambiente y Recursos Naturales, Comercio Ilegal con países vecinos, Inmigración de sus ciudadanos a otros países del Mundo en busca del “progreso”, Emigración de más extranjeros para construir el “progreso” del país, Inseguridad Social que los gobiernos buscan solucionar con más violencia, Democracia que en apariencia busca ser representativa, participativa y pluralista pero no le alcanza, y la historia sigue. En este proceso, después de conocer todo esto, la pregunta de gran utilidad es: ¿Cómo hace un País para seguir viviendo después de semejante historia?. Dar una respuesta a este acto heroico de sobrevivencia es muy difícil, podríamos alegar varios factores, entre los cuales se encuentran: la bendición de Dios, la falta de memoria histórica de su gente, un trauma colectivo, la ignorancia, la malicia e incluso la presencia de una interminable colonización histórica, económica, académica y social por parte de diferentes países del Mundo.
Las condiciones descriptas en el párrafo anterior hacen prácticamente imposible dar una respuesta REFLEXIVA y la única respuesta que satisface es la SENTIMENTAL la cual motiva a parafrasear al escritor paraguayo Augusto Roa Bastos, quien dijo: “pareciera que el infortunio se enamoró del Paraguay”. Así la interpretación de los hechos que han sucedido y siguen sucediendo pueden hacer entender al Paraguay dentro de una denominación MASOQUISTA, puesto que a pesar de todo no se encuentran procesos claros de aprendizaje para evitar cometer los mismos errores, sino cambio de nombre para los mismos hechos (sigue siendo la misma destrucción) y cambio de nombre para los mismo actores (siguen siendo los mismos paraguayos).



